Lupercio Latrás, el bandolero d´Echo

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Para estrenar este apartado en la web, he decidido empezar hablando de un personaje aragonés poco conocido y que, sin embargo, resulta sumamente interesante ya que tuvo una vida corta pero muy intensa. Su nombre es Lupercio Latrás y su biografía podría inspirar, sin lugar a dudas, películas y novelas actuales. En cambio, sí puede presumir de tener dedicada una preciosa canción del grupo Val d’Echo en la que se cuentan sus andanzas y desventuras. Así pues, comencemos con este breve esbozo de su vida.

Nacido en la Val d’Echo a mediados del siglo XVI, Lupercio Latrás era el segundo hijo de la familia, lo cual implicaba, según la tradición foral aragonesa, que no tuviera derecho alguno sobre la herencia.  Muy pronto tenemos noticias ya sobre él ya que «por dos chesos que morieron, lo plegueron a culpar», por lo que para huir de la ley se hizo bandolero. Sus andanzas en los valles pirenaicos fueron célebres, lo cual le sirvió para empezar a labrarse una merecida fama en toda la zona. Estas correrías acabaron llegando a los oídos de las autoridades que intentaron capturarlo por todos los medios. Así pues, decidió huir a Francia «enfilando la Canal» y aprovechó esta etapa para pasar información sobre las actividades de los hugonotes (protestantes franceses) en la vecina región del Bearn y también del monarca francés, que aspiraba a recuperar Navarra.

Estas valiosas informaciones le valieron la amnistía de Felipe II y sus penas fueron perdonadas a cambio de incorporarse a los Tercios con una pequeña tropa capitaneada por él mismo, por lo que su historia da un nuevo giro y marcha a Sicilia a combatir contra los turcos. Una vez cumplido con éxito su servicio al monarca, decidió unirse a las tropas del conde de Ribagorza, Fernando de Gurrea. Es en este periplo cuando llevaría a cabo una de sus acciones más famosas, la toma del castillo de Aínsa en 1588 por su cuenta y riesgo.  Como respuesta, las autoridades reales pusieron, nuevamente, precio a la cabeza de Lupercio Latrás a lo que este respondió bajando a Zuera, donde colocó un cartel en la que se ponía precio a la cabeza del Virrey.  Durante este año, las fuentes también nombran las correrías de Latrás en las matanzas de moriscos, cuya población era muy importante en Aragón por aquel entonces, en el valle del Ebro estando involucrado en la muerte de, al menos, doscientos de ellos en Pina de Ebro.

Tras esta peripecia, las fuentes revelan con cuentagotas algunas de las andanzas de Latrás por los valles pirenaicos mientras seguía buscado por la ley, si bien es cierto que cada vez su banda y él tenían una fuerza menor. Sin embargo, volvió a ser amnistiado por las autoridades al ser requeridos, nuevamente, sus servicios como espía, por lo que fue enviado a Francia e Inglaterra. Parece ser, y es que las fuentes a este respecto son bastante difusas, que aprovechó su presencia en el país inglés para unirse a un corsario cuya función estaría destinada a atacar naves castellanas. «Y li s’acabé la suerte, de corsario en Santander» versa la canción, y es que esta fue, ahora sí, su última aventura conocida. Su barco fue capturado en Santander y él fue enviado a Segovia donde fue ajusticiado en 1590, contando apenas 35 años. Por lo tanto, nos encontramos ante una biografía realmente intensa para una vida tan corta. Nacido como segundón en un valle pirenaico, Lupercio logró forjarse una fama que ha llegado a día de hoy gracias a los documentos históricos y que, como comentamos al comienzo del artículo, daría para una película.

Finalmente, en la canción se afirma que «fambre pasaban os chesos», un dato que no debe pasar por alto ya que nos vincula con la tesis del célebre historiador británico Eric Hosbawm sobre sus investigaciones en torno al bandolerismo social. Lupercio Latrás no entraría en los márgenes temporales de sus estudios, pero es innegable la relación entre el bandolerismo y algunos condicionantes como la carestía, entornos rurales, etc. Si bien es cierto que Latrás procedía de una buena familia del valle, su condición de hijo segundón le privaba de la herencia familiar por lo que pudo motivar también su espíritu aventurero y belicoso. Por otro lado, también entronca con otro famoso bandolero aragonés que anduvo por los Monegros en el siglo XIX, Mariano Gavín, más conocido como el Bandido Cucaracha. Gavín, cuya fama es más reconocida que la de Latrás, sí podría catalogarse dentro del bandolerismo social, pero esto lo dejaremos para el próximo artículo.

Aquí puedes escuchar la canción sobre Lupercio Latrás

Autor: Paúl Lagunas, historiador

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