Hacia el final del laberinto: Rosendo Tello

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Condensar lo más relevante de la literatura aragonesa en quince obras que abarquen la mayor pluralidad de géneros y épocas posible se adivina una empresa complicada. Sin embargo, sorprendentemente, hace ahora mismo diez años, el Gobierno de Aragón en coalición con el Heraldo de Aragón y la Asociación Aragonesa de Escritores dispuso una colección, por el irrisorio precio de 1,5 € cada libro, que repasa la historia de nuestras letras.

Desbordaría de las pretensiones de este artículo llevar a cabo una relación desglosada de cada ejemplar, pero sí querría detenerme en uno de los trabajos que posiblemente pasó más desapercibido en esta colección. Y es que, sin duda, primeras espadas de Marcial, Ramón J. Sender o Gracián, de pública notoriedad, son de evidente inclusión, pero no así otros singulares hallazgos que quizá sean menos conocidos para lectores menos especializados.

El volumen nº 13 de la colección homenajea la trayectoria de Rosendo Tello -todavía entre nosotros-, con la obra “Hacia el final del laberinto”. El nombre de Rosendo Tello es conocido para cualquiera que esté formado en filología hispánica. El doctor zaragozano, que ha dedicado la mayor parte de su oficio al género poético, fue merecidamente galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas hace quince años, como reconocimiento a su trayectoria lírica.

Su premonitorio título anticipa, en palabras de Emilio Quintanilla “el drama existencial que representa la última etapa de su vida”.

Tello rehúye la extrema grandilocuencia y las figuras complejas en pro de una poesía musical, armónica, con una inmanente serenidad. Ya la cultivaba así décadas atrás -quizá con una llamarada más vivaz en el tono-, pero es posiblemente en este trabajo cuando posa las temáticas más trascendentales con una cadencia acomodada. La poesía de Tello manifiesta una dualidad deseada: se entiende y busca entender.

Como en los místicos, dice más cuando no dice, dando prevalencia al silencio reflexivo y obviando la ornamentación. En sus palabras: “porque, instalado en el instante lúcido / de su libre no ser fundamental, / puede el poeta ser y ver las cosas / en la inocencia inmune del silencio, en su revelación.”

Foto: Heraldo de Aragón

Autor: José A. Benavente, escritor.

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