Cuidemos de nuestras estrellas: Sheila Herrero (1)

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“Era un gatito y cuando sonaba la pistola me convertía en una tigresa.”

Existen varios nombres grabados con letras de oro en la historia del deporte español: Rafael Nadal, Pau Gasol, Severiano Ballesteros, Carlos Sainz y un largo etcétera que podría extenderse varias líneas. Sin embargo, ninguno de ellos ha conseguido ser 15 veces campeón del mundo. Algo de lo que sí puede presumir nuestra protagonista de hoy.

Nos citamos con Sheila Herrero en el zaragozano barrio de Torrero, su cuna, de la que no puede sentirse más orgullosa. Sheila nos convida en un sitio muy especial para ella. Le esperemos en una coqueta plaza que lleva su nombre.

Charlamos con Sheila Herrero Lapuente. Profesional del patinaje de velocidad entre 1994 y 2003 y deportista española más laureada de la historia.

Supongamos que se dirige a un auditorio que desconoce por completo quién es. ¿Cuál sería su carta de presentación?

Me presentaría como soy: natural. He sido siempre muy tímida, aunque en los últimos años he hecho algunos cursos de coaching que me han ayudado a soltarme. También me ayudó a ser más extrovertida haber vivido tantas experiencias profesionales y deportivas yo sola. No tener estudios universitarios no me ha ayudado pero, aunque suene a cliché, yo siempre digo que tengo la carrera de “mundología”

“Soy Sheila Herrero. He sido profesional del patinaje de competición de velocidad. Soy campeona del mundo y vengo a hablaros de mí y de mis experiencias.” Creo que eso les diría.

¿Cómo se siente cuando se le incluye en las listas de mejores deportistas españoles de la historia?

Es todo un orgullo. Más teniendo en cuenta del deporte que vengo. Todavía hoy estamos luchando para ser olímpicos.

¿Qué horizonte tiene el patinaje de velocidad respecto a los Juegos Olímpicos?

Creo que estamos cerca. Para que un deporte sea olímpico tiene que cumplir una serie de requisitos. Pero principalmente nuestro problema es la “pasta”. Todos sabemos cómo funcionan las cosas. Estamos hablando de un deporte que practica muchísima gente. En la misma ciudad de Zaragoza, donde doy clases, ves a familias completas, desde niños hasta abuelos. Para 2024 no entramos, pero estamos creciendo cada día más y yo creo que pronto estaremos.

¿Tenía ídolos?

Siempre he tenido. Florence Griffith fue una de ellas. Conforme fui creciendo y compitiendo acudí a varias galas donde coincidí con deportistas de la talla de Pau Gasol o Nadal, que me encantan.

Sergio García y Carlos Sainz son encantadores. También estuve varias veces con Ángel Nieto. Ángel era muy “majico». Siempre competíamos por ver quien acaba con más mundiales. Yo le decía que quería hacer el 12+1 + 2. Al final lo conseguí y acabó diciendo “fíjate la maña esta que me ha ganado.”

También tengo que decir que he coincidido con otros deportistas, muchos futbolistas de distintos equipos, por ejemplo, que a veces te decepcionan.

¿Por qué?

Tienes unos referentes y luego les vas a pedir una foto y te preguntan quién eres. ¿Perdona? Me acaban de dar el premio ‘Reina Sofía’ y a ti no. Hay muchos deportistas que cambian mucho su forma de ser.

¿Cuál es el mayor reconocimiento que ha recibido?

El ‘Reina Sofía’, sin duda. Es el más importante en el deporte español.

«Al segundo y al tercero nunca los recuerda nadie.”

¿Sería capaz de enumerar todos sus récords y campeonatos?

La verdad es que no. Mi padre siempre ha sido muy duro. Él me decía que las platas y los bronces no valían para nada. Al segundo y al tercero nunca los recuerda nadie.

¿No se hartaba de ganar? ¿De dónde sacaba la motivación para seguir compitiendo?

Para nada. Nunca he llegado a ganar todos los campeonatos posibles. Hay muchas disciplinas y la gente se especializa. Yo me intenté especializar en todo y esa era mi motivación. Ser campeona en todo lo posible. El campeonato que más veces gané, con cinco medallas de oro y cinco récords del mundo, lo conseguí después de haber corrido en otras tres o cuatro pruebas en las que me quedé última.

¿Qué se necesita para ser un campeón?

Siempre digo que sobre todo cabeza. Estoy segura de que muchas compañeras mías eran mejores que yo y entrenaban lo mismo o más. Sin embargo, llegaba la competición y se empequeñecían. Mi caso era al revés. Era un gatito y cuando sonaba la pistola me convertía en una tigresa, iba a por todas, aparecía una ambición que me superaba. La mentalidad de un campeón.

Una pregunta difícil. ¿Con qué deportistas se equipara?

Sí que es difícil. No puedo ser yo quien lo diga. Vengo de un deporte que todo el mundo dice que es minoritario, pero eso no quita que tenga el mismo mérito. He coincidido con grandes jugadores de fútbol o baloncesto y hablando con ellos te das cuenta de que entrenas mucho más que ellos. Ellos tienen un estadio, buenos patrocinadores y subvenciones, al COE detrás… y yo me pegaba 10 horas sola por las carreteras. Es jodido.

¿Existen deportes mayoritarios y minoritarios?

Es lo que la gente cree, sí. Pero practicantes hay muchos, profesionales y amateurs. Es la pescadilla que se muerde la cola. Si la prensa no nos da repercusión tampoco va a haber presencia de sponsors. Si cada vez que alguien es campeón saliera en televisión seguramente sería distinto. Nerea Langa, una chica de Zaragoza, está ganando mucho, por ejemplo. Seguramente si se le diera más repercusión habría más patrocinadores.

“En Estados Unidos sufrí mucho racismo por ser hispana.”

Háblenos de sus experiencias en Italia y Estados Unidos.

Italia fue estupendo. Controlaba el idioma y tenía buenos amigos. Estuve viviendo cerca de Venecia. Fue una experiencia muy bonita. Me parece uno de los países más cercanos al nuestro y fue genial.

A Estados Unidos me fui después de romper mi contrato en Italia, que era superior, pero mi sueño siempre había sido ir a Estados Unidos. Estuve en un chalet en la zona de California donde convivía todo el equipo. Mientras que en Italia había mucho europeo en EEUU la mayoría eran norteamericanos. Yo no sabía nada de inglés e iba muy perdida. Además, sufrí mucho racismo por ser hispana. Me lo hicieron pasar muy mal. Intentaba siempre buscar gente con la que poder hablar en español y en cuanto te escuchaban te repudiaban.

¿Echaba de menos nuestra tierra?

Estábamos toda la temporada viajando. Yo siempre me he movido sin compañía por todo el mundo y era muy independiente. Claro que echas de menos tu tierra, pero casi no te da tiempo y te acabas acostumbrando. Al final tu equipo es tu familia.

Entonces, ¿Mereció la pena la experiencia en Estados Unidos?

Fue una experiencia muy traumática pero también super productiva. El anterior mundial había ganado bastantes medallas y por eso me contrataron, pero allí me tenían como gregaria. Yo estaba calladita y únicamente pensé en aprender. A los meses de acabar la temporada en EEUU se celebró el mundial de Francia. Ellos venían muy crecidos porque su temporada había sido muy buena, pero llegó el mundial y arrasé. Se preguntaron por qué ahí no había ganado ninguna carrera y en el mundial me había salido. ¿Me pusisteis de gregaria? Pues yo aprendí y fui más perra que Niebla. Eso es lo que hice en Estados Unidos: aprender.

¿Tiene alguna espina clavada? Algo que le hubiera gustado hacer y no hizo.

Me ofrecieron entrar en un equipo profesional de muy joven, pero lo rechacé. A mis padres tampoco les atrajo la idea de que me fuera tan joven sin idiomas y con poco recorrido.

¿Cuál fue el mejor momento de su carrera?

Dudo entre el primer campeonato del mundo senior del 94 y el del 98.

El primero fue muy especial. Ya había sido campeona en júnior, pero aquella era la primera prueba “seria”.

El seleccionador me advirtió de que lo iba a tener muy difícil y me dijo que me podía conformar con llegar a cuartos de final. En todas las pruebas que participé llegué hasta la final y además gané tres. Era la primera campeona del mundo de patinaje de velocidad en España. No me lo creía.

El del 98 fue muy especial porque se disputó en Pamplona y ganar en tu país, rodeada de tu gente, siempre es especial.

¿Y el peor?

El último mundial. Tenía una anorexia de caballo. Había perdido más de 23 kilos. La gente me miraba como si fuera un palo de escoba y lo era. La anorexia me duró unos cinco años. Yo creo que me retiré por eso. Ya no tenía motivación.

Carlos Luque Flórez, periodista aragonés.

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